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Resumen astronómico-equinoccial SAA/AAE

Publicado 2 de abril de 2019. Textos de María A.R. Vicepresidenta SAA/AAE. Datos: Anuario del Real Observatorio 2019

 

“A veces, la Torralba hablaba de un modo chocante, pero tal vez era por la tarumba del equinoccio” Ramón J. Sénder “La Aventura Equinoccial de Lope de Aguirre” 1964.

«SENSACIONES es un término mostrenco: su empleo ahorra la fatiga de hacer funcionar el cerebro en busca de la palabra precisa. Milita en el bando de “tema, usuario o incidir, iniciar” y de tantos otros comodines (…) Avanza imparable la afición a las palabras corpulentas y rollizas, engordadas por ciertos hablantes a quienes estimula una anemia cerebral que los induce a un consumo patológico de sílabas.» F. Lázaro Carreter. “El dardo en la palabra”. Galaxia Gutenberg. Barcelona 1998.

 

El equinoccio de primavera: Una vez alcanzado el punto vernal el día 20 de marzo a las 22 horas y 58 minutos (hora civil peninsular) comenzó la primavera astronómica en el Hemisferio Norte y el otoño en el Hemisferio Austral. Es el equinoccio: Etimología: del latín, æquinoctium, de æquus (igual) y nox (noche), la noche y el día se igualan. Perséfone regresa de los inframundos…

Véase el efecto en esta imagen APOD…

Y, a final de marzo, llega el cambio de hora estacional: Se especulaba mucho acerca del cambio de hora. ¿Será el último? La duda está resuelta: el Parlamento Europeo anuncia que seguiremos cambiando la hora, y en la madrugada del sábado al domingo 31 de marzo, adelantaremos el reloj para adaptarnos al horario de verano. Finalmente, el asunto se ha pospuesto hasta 2021.

La cronobióloga Mª Ángeles Rol de Lama, que forma parte del Comité de expertos para el estudio de la reforma de la hora oficial, confesó (hasta donde pudo) en el microsimposio “Luces de Vanguardia” del pasado Umbra Festival: “Lo lamento mucho, pero al organismo humano le conviene más el horario de invierno” aludiendo a la preferencia de la gente por el horario de verano según una macroencuesta.

En ese mismo microsimposio, se mencionó continuamente la contaminación lumínica y sus nefastas consecuencias en la astronomía; se habló mucho de la abusiva instalación del LED azul sin considerar criterios sanitarios y medioambientales; y de iluminación eficiente y nuevas tecnologías, reiterando “la clave está en divulgar” pero sonando todo “como un signo de interrogación” en un contexto lumínico-festivalero opuesto e incompatible, como pudimos comprobar durante un par de noches seguidas en las que la “organización” abandonó la propaganda astronómica “como se abandonan los zapatos viejos”.

 

Y no hablaremos más de las dos noches de observación del cielo de invierno en el Jardín de Falerina.

Nota para el que perdió la calma con la sábana fría, “no tenéis ni idea, así lo vemos todos”: las observaciones por proyección las usamos en los tránsitos planetarios y eclipses solares, para evitar el riesgo retiniano y daños irreversibles en los ojos, (nunca hay que mirar al Sol por un telescopio sin filtros homologados) porque el exceso de brillo de la pantalla quita contraste a los objetos más difusos como galaxias, nebulosas y demás pareidolia interestelar, cuya resolución, tonalidad y belleza, además, solo se contemplan mediante astrofotografía.

Tampoco consiste en proyectar el Stellarium contra un muro: la observación directa del cielo ES la forma de empezar a conocer el Universo y comprender un poco el mundo que nos rodea.

El propósito era echar un vistazo por un instrumento (pusimos dos telescopios Newton 250mm y Cassegrain 70 mm, y un binocular gigante 25x100) desde el centro histórico de la ciudad y explicar las noches de amor de los dioses, las heroicidades astrales y cuanto se pudo de la mitología del firmamento invernal con puntero láser y algunos conceptos astrofísicos de las estrellas y objetos del cielo profundo a miles de años-luz de distancia.

 

Y, aunque tuvimos humeantes efectos especiales de la instalación lumínica de la pobre muralla medieval, que simulaban el coloreado gas de la Nebulosa de Orión como incubadora estelar, la torre de San Vicente “como cenicienta de saldo y esquina”, y tres potentes focos de halogenuros metálicos “gestionados por la administración” más alineados que el cinturón de Orión, agradecemos a las dos mil personas que esperaron en las colas aguardando ver un trocito de cielo, contándonos su astronomía popular y recordando aquellas noches de antes cuando veían miles de estrellas “como doradas” en las calles de sus pueblos.

Gracias por la difusión y el interés a El Correo (Sara López de Pariza. Igor Martin) y al programa de Radio Vitoria “Alguien te está escuchando” de Txerra Díez Unzueta y Rakel Navarro.

Conclusión del Umbra-Festival (y dando la bolsa por perdida): enseñar el firmamento ES la manera idónea de comprobar inmediatamente los tristes efectos de la contaminación lumínica.

Asambleas FAAE y Cel Fosc

El secretario y la vicepresidenta, hemos acudido como representantes de la SAA/AAE a las Asambleas FAAE y Cel Fosc-Cielo Oscuro, celebradas durante la feria Expoastronómica 2019 en Yebes (Guadalajara) en la que nuestra compañera Susana Malón intervino en la mesa redonda de Astroturismo y Certificados Starlight (y siempre atendidos por el alcalde astronómico Miguel Cócera). Siempre emociona saludar a los compañeros de las agrupaciones federadas, encontrase en el Péndulo y cenar la sopa castellana en la Fuensanta…

También se comparte mesa con un señor que ha construido un tele-remoto-con-tapa y dice no mirar por un ocular desde hace 20 años o más, que descubre estrellas variables y NEOS…. Y nuestro amigo Joanma Bullón nos cuenta sus avatares para el atlas de la contaminación lumínica que está elaborando: “Horizontes perdidos vs Cielos Oscuros Y dice: “Estoy desolado, al comprobar cómo estamos destruyendo el planeta.”

 

Y otra mesa redonda de la FAAE: el sábado por la tarde, la presidenta de la federación Blanca Troughton moderó la charla sobre estrategias de divulgación astronómica en las agrupaciones y de contaminación lumínica, compartiendo nuestras experiencias como observadores del Universo: Martin Pawley y Xóan Cardelle de la Agrupación ÍO nos anuncian una conferencia de las astrofísicas Minia Manteiga, Ana Ulla y Ruth Carballo del “grupo gallego” de la Misión Gaia y una visita muy especial para el XXIV CEA 2020 en A Coruña… “Jocelyn Bell vendrá. Te esperamos.” Pawley nos explicó después la exposición itinerante de la FAAE y Cel Fosc, “La Contaminación Lumínica depende de nosotros”, mientras Alex Mendiologoitia y Joanma Bullón, preparaban los telescopios en el exterior del polideportivo para enseñar el cielo al público.

 

La Luna en el Colegio Urkide. La noche del 22 de marzo montamos los trastos en la terraza del colegio para enseñar el cielo de invierno que ya se despide, y la Luna gibosa menguante. El cielo está turbio… y bajo el lema de la Unión Astronómica Internacional (IAU 100 Under One Sky).

(Falta…)

 

 

 

 

Cel Fosc FAAE

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